Este sueño transcurre en la vieja casa de mis padres, en donde mi hermano Axel y yo pasamos toda nuestra infancia y adolescencia. Pablo, nuestro hermano menor, apenas guarda recuerdos de la misma.
Así que estábamos los dos, tomando el té en la galería que daba al jardín, y abocados a un importante tema de conversación: habíamos encontrado una isla, en medio del mar, a pocas cuadras de allí. Cosas increíbles que pasan en los sueños.
Y por supuesto, queríamos llegar hasta ella, al parecer, nadando.
A mi me angustiaba la situación, y trataba de explicarle a mi hermano que "yo no sé nadar tan bien" y que por esa razón, temía no llegar. Además, siempre me dio miedo el océano.
El decía que no era tan peligroso, y que podíamos utilizar el viejo sistema que ideamos una vez, para meternos a nadar juntos: el me avisaría cuando "por arriba" o "por debajo" y así sabría yo, cuando zambullirme bajo la ola, o atravezarla.
Acordábamos salir a la mañana, y yo ma pasaba la noche entera buscando botellas de plástico vacías, de agua mineral y gaseosas. Con ellas armaba una especie de chaleco salvavidas, para que los tubos me mantuvieran a flote, en el caso de no poder lograrlo sola.
Amanecía, los pájaros que empezaban a cantar, el césped humedecido por el rocio, y esa ligera neblina de invierno que duraba hasta los primeros rayos de sol.
En el mismo lugar donde horas antes plantificábamos nuestra partida, encontraba una nota manuscrita. Era de Axel. En ella me decía que durante la noche había salido, y se había encontrado con una ex novia suya, y habían decidido empezar a nadar juntos. Decía no tener dudas de que yo podría lograrlo, y firmaba "nos vemos allá".
Hace años, mi hermano y yo encontramos la isla. En medio de una situación de inesperada amargura, creamos nuestro espacio. Allí mantuvimos a salvo nuestro vínculo, llevamos a Pablo con nosotros, a esas pocas personas que disfrutábamos, y esas cosas indispensables que no se venden en el supermercado. Preferir llegar nadando, casi desnudo, en un océano helado, o permanecer en vela intentando cubrir todos los detalles, para tener todo bajo control, solo son nuestros diferentes estilos.
Y hasta hoy ha funcionado.
Sunday, April 20, 2008
Thursday, April 10, 2008
¿Viejos de 30?
Un conocido diario de Buenos Aires, en su versión digital, habilitó un espacio para que algunos de sus periodistas escriban un blog. La temática de cada uno de ellos es libre, tal como si se tratara de un blog personal, la única diferencia es que al pertenecer al sitio web del periódico, los lectores son en su mayoría los que acuden diariamente a consultar las noticias. Esto asegura un abanico de miradas diferentes.
Uno de ellos me llamó la atención y no de manera positiva. Ya el título del mismo pellizcó mi autoestima y con el saborcillo de la acidez ardiendo entre mis muelas decidí entrar.
¿Cómo explicarlo? creo que la autora es buena en lo suyo, que además comparto la idea de escribir sobre todo lo que pasa por tu cabeza, sin represión alguna, dándolo a conocer al mundo.
Ella tiene 30 años y expresa a través de sus escritos la desilusión y los "achaques" que va descubriendo ahora que suma tres décadas de existencia.
Mencionaba angustias tales como que la mayoría de sus amigas ya están casadas, con hijos y que esto la llevaba a pensar si podrá lograrlo algún día (tiene 30). Luego contaba anécdotas de otras chicas en similar situación que habían decidido, por ejemplo, cortarse el pelo bien cortito "como las señoras grandes" para olvidarse de cuidarlo y porque "ya queda feo".
Decía que dejó de tomar café y de consumir sal "por las dudas" (repito, tiene 30).
Cuenta que a diario se pregunta si es que el destino querrá dejarla "para vestir santos" mientras saborea el único yogurt ligth permitido ( ¡ tiene 30 no 50 !).
A esta altura ya mi creciente asombro de ceño fruncido terminó de fusionarse con el disgusto. Lo que más me fastidió, además de mi explícito desacuerdo con sus vivencias, eran los 97 comentarios al final del post.
Porque hasta aquí todo podría tratarse de una vivencia personal, y ya sabemos que no todos vivimos las cosas de la misma manera. ¡Pero esa cantidad de comentarios! la mayoría estaban de acuerdo.
Gente que decía sentirse igual, que hablaba de malestar y desaliento a los 30. Hombres de veinte y pico que hablaban de frustración, calvicie y aburrimiento. Mujeres de 30 que confesaban ansiedad por su soltería, celulitis, porque "se nos va la vida" (???).
Muchas de estas personas decían ser profesionales, trabajadores independientes, artistas. Al parecer, detalles sin importancia. Y ninguno de ellos llegaba a los 35 años.
Yo me pregunto: ¿qué está pasando? ¿cuándo se establecio que una persona de 30 años ya es un mayor y cómo fue que sucedió?
Creo que intentar ser feliz es mucho muy importante. Quizás la única búsqueda que realmente vale la pena. Pero dejar de vivir para encajar en la vida de otros...
¿Hay algo malo en mi o solo vivo en el mundo equivocado?
Uno de ellos me llamó la atención y no de manera positiva. Ya el título del mismo pellizcó mi autoestima y con el saborcillo de la acidez ardiendo entre mis muelas decidí entrar.
¿Cómo explicarlo? creo que la autora es buena en lo suyo, que además comparto la idea de escribir sobre todo lo que pasa por tu cabeza, sin represión alguna, dándolo a conocer al mundo.
Ella tiene 30 años y expresa a través de sus escritos la desilusión y los "achaques" que va descubriendo ahora que suma tres décadas de existencia.
Mencionaba angustias tales como que la mayoría de sus amigas ya están casadas, con hijos y que esto la llevaba a pensar si podrá lograrlo algún día (tiene 30). Luego contaba anécdotas de otras chicas en similar situación que habían decidido, por ejemplo, cortarse el pelo bien cortito "como las señoras grandes" para olvidarse de cuidarlo y porque "ya queda feo".
Decía que dejó de tomar café y de consumir sal "por las dudas" (repito, tiene 30).
Cuenta que a diario se pregunta si es que el destino querrá dejarla "para vestir santos" mientras saborea el único yogurt ligth permitido ( ¡ tiene 30 no 50 !).
A esta altura ya mi creciente asombro de ceño fruncido terminó de fusionarse con el disgusto. Lo que más me fastidió, además de mi explícito desacuerdo con sus vivencias, eran los 97 comentarios al final del post.
Porque hasta aquí todo podría tratarse de una vivencia personal, y ya sabemos que no todos vivimos las cosas de la misma manera. ¡Pero esa cantidad de comentarios! la mayoría estaban de acuerdo.
Gente que decía sentirse igual, que hablaba de malestar y desaliento a los 30. Hombres de veinte y pico que hablaban de frustración, calvicie y aburrimiento. Mujeres de 30 que confesaban ansiedad por su soltería, celulitis, porque "se nos va la vida" (???).
Muchas de estas personas decían ser profesionales, trabajadores independientes, artistas. Al parecer, detalles sin importancia. Y ninguno de ellos llegaba a los 35 años.
Yo me pregunto: ¿qué está pasando? ¿cuándo se establecio que una persona de 30 años ya es un mayor y cómo fue que sucedió?
Creo que intentar ser feliz es mucho muy importante. Quizás la única búsqueda que realmente vale la pena. Pero dejar de vivir para encajar en la vida de otros...
¿Hay algo malo en mi o solo vivo en el mundo equivocado?
Wednesday, February 06, 2008
Dieta de amor
Cuando nos conocimos continué siendo fiel al más inamovible de mis principios: la sinceridad.
Comprendi que habia llegado el momento cuando me hablaste de las ganas que tenias de volver a verme, y como llegaste a contar las horas, aquella vez, hasta el próximo encuentro.
Vos escuchaste mi confesion con tu habitual compostura. Luego hubo un silencio, y te echaste a reir. Dijiste que de lo único que debia preocuparme en aquel momento era de la cena que nos esperaba, humeando sobre la mesa de uno de nuestro restaurantes favoritos.
Yo me senti indignada. ¡Te estaba diciendo toda la verdad, y no me creiste!. Pero luego, el transcurso de la velada fue ablandando el enojo, y pensé que, bueno, que ya no somos niños, que cada uno sabe lo que hace....y me quedé dormida con una calma inusual, en el cine.
Pero todo comenzó luego del cumpleaños de Laura, aquella noche de otoño en la cual brindamos una y otra vez, bajo las estrellas. Habíamos tomado tanto que tuvimos que aceptar el ofrecimiento de tu hermana para traernos casa.
Entre risas y tambaleandote llegaste a la cama, y ahi te desplomaste. Yo quise ducharme antes y ya bajo el agua caliente senti esa certeza de lo inevitable. Luego camine descalza hasta la habitación. Te contemple dormido y me senté a tu lado. Respirando profundamente, tome una de tus manos blanquísimas y sin pensarlo, me la lleve a la boca.
Al día siguiente estabas furioso. Pasaste la jornada sin hablarme. Solamente al anochecer cediste a expresar la furia de comprobar que el mundo no estaba preparado para mancos.
Ni mancos, ni cojos, ni tuertos, la verdad.
Fue un largo invierno. Los del servicio meteorológico explicaban que teniamos la temperatura más baja registrada en años. Sin embargo yo sentia calor. De día, de noche, un calor insoportable. Asi que empecé a usar el kimono amarillo, esa especie de bata de hilo, la única prenda que no me cortaba la circulación. Aumenté más de 40 kilos en 6 meses. Ya ni siquiera podía usar zapatos, asi que opté por las ojotas de goma, en mayo.
En la oficina comprendieron que fuera a trabajar en ese estado, aunque me sugirieron, discretamente, que dejara de atender al público. De una semana a la otra me habian rehubicado en un deposito mugriento, lleno de papeles viejos y enmohecidos con los que me abanicaba resoplando desde mis 120 kilos. Pero no me angustiaba la situación. Ya no podía dejar de pensar en tus muslos, tus cintura, tus glúteos redondos...la dicha que me esperaba al volver a casa.
_ "¿ Y tu novio? hace tiempo que no lo veo por acá"_ me pregunto ayer el supervisor del turno mañana.
No supe que contestar, apenas pude disimular el eructo que me infló las mejillas de repente.
Comprendi que habia llegado el momento cuando me hablaste de las ganas que tenias de volver a verme, y como llegaste a contar las horas, aquella vez, hasta el próximo encuentro.
Vos escuchaste mi confesion con tu habitual compostura. Luego hubo un silencio, y te echaste a reir. Dijiste que de lo único que debia preocuparme en aquel momento era de la cena que nos esperaba, humeando sobre la mesa de uno de nuestro restaurantes favoritos.
Yo me senti indignada. ¡Te estaba diciendo toda la verdad, y no me creiste!. Pero luego, el transcurso de la velada fue ablandando el enojo, y pensé que, bueno, que ya no somos niños, que cada uno sabe lo que hace....y me quedé dormida con una calma inusual, en el cine.
Pero todo comenzó luego del cumpleaños de Laura, aquella noche de otoño en la cual brindamos una y otra vez, bajo las estrellas. Habíamos tomado tanto que tuvimos que aceptar el ofrecimiento de tu hermana para traernos casa.
Entre risas y tambaleandote llegaste a la cama, y ahi te desplomaste. Yo quise ducharme antes y ya bajo el agua caliente senti esa certeza de lo inevitable. Luego camine descalza hasta la habitación. Te contemple dormido y me senté a tu lado. Respirando profundamente, tome una de tus manos blanquísimas y sin pensarlo, me la lleve a la boca.
Al día siguiente estabas furioso. Pasaste la jornada sin hablarme. Solamente al anochecer cediste a expresar la furia de comprobar que el mundo no estaba preparado para mancos.
Ni mancos, ni cojos, ni tuertos, la verdad.
Fue un largo invierno. Los del servicio meteorológico explicaban que teniamos la temperatura más baja registrada en años. Sin embargo yo sentia calor. De día, de noche, un calor insoportable. Asi que empecé a usar el kimono amarillo, esa especie de bata de hilo, la única prenda que no me cortaba la circulación. Aumenté más de 40 kilos en 6 meses. Ya ni siquiera podía usar zapatos, asi que opté por las ojotas de goma, en mayo.
En la oficina comprendieron que fuera a trabajar en ese estado, aunque me sugirieron, discretamente, que dejara de atender al público. De una semana a la otra me habian rehubicado en un deposito mugriento, lleno de papeles viejos y enmohecidos con los que me abanicaba resoplando desde mis 120 kilos. Pero no me angustiaba la situación. Ya no podía dejar de pensar en tus muslos, tus cintura, tus glúteos redondos...la dicha que me esperaba al volver a casa.
_ "¿ Y tu novio? hace tiempo que no lo veo por acá"_ me pregunto ayer el supervisor del turno mañana.
No supe que contestar, apenas pude disimular el eructo que me infló las mejillas de repente.
Thursday, January 17, 2008
Para el libro de quejas
Hoy estoy enojada. Y cansada también. ¡Qué nadie venga a preguntarme si estoy en "uno de esos días" porque sería la gota que derramaría el vaso!. Nunca entendí porque se supone que las mujeres "se vuelven loquitas" cuando tienen el período.
No es cierto que los hombres estén cansados de las histéricas, y si no lo creen así, al menos permitanme mostrarles este lado de mi mundo.
Siempre tuve amigos varones, y no es porque no me agraden las mujeres...¡hace años que no tengo una íntima amiga! y lo deseo mucho, pero la verdad es, que ya no le caigo bien a las mujeres. Y he llegado a esa conclusión luego de cumplir 28 años.
Es que, para ser sincera, yo nunca soñé con ser madre, ni esposa, no fantaseo con un vestido blanco y una iglesia, ni con las mejores pastas caseras sobre un bonito mantel a cuadros. No veo nada malo en ello, ni lo excluyo de las posibilidades a futuro, pero la verdad es que no es uno de mis deseos.
No me vuelven loca los hombres malos de la película, ni me angustia el silencio después del sexo, de hecho, soy la que suele quedarse dormida.
Y cuento estos detalles casi con vergüenza...es que me han hecho sentir que algo anda mal en mi.
Tal vez debía revisar los bolsillos de mi ex en busca de alguna extraña dirección manuscrita, o largarme a llorar un día cualquiera en medio de una cena, argumentando un "no me tenés en cuenta".
Adoro salir sola, pasar horas leyendo y tomando café en un bar, hablar de sexo con mi amigo, y comer en la cama, aunque se llenen de migas las sábanas.
De chica, he jugado guerra de comida con mis hermanos y mis primos, lucha libre en el jardín,pero odiaba jugar con las muñecas, a la mamá...
¡Me encantan los nerds! son los hombres que me gustan. Detesto al chico popular de la película yankee. Y no puedo reclamar exceso de atención porque siempre he sido tan independiente, que puedo llegar a estresarme realmente al compartir las 24 hs del día con la misma persona.
Estuve enamorada, si, viví una hermosa historia de amor que dejo lugar a una buena amistad, luego de años, pero estoy segura de que nos cansamos. Ambos.
Me encantaría conocer un hombre que sea fiel a sus declaraciones, es decir: si realmente están cansados de las vueltas, ¿por qué huyen de una mujer que se permite tener sexo en la primera cita? si en verdad buscan una persona autosuficiente: ¿por qué les da la angustiesita si no encuentran cinco mensajes seguidos en el contestador? y si en verdad les fascina compartir proyectos personales y ambiciones con su pareja: ¿por qué llegan a preferir una mujer que no trabaja ni estudia aunque se la pasen quejándose de su falta de sueños y sus limitaciones?
En resumen: los histéricos son ustedes.
Monday, November 05, 2007
No satisfaction

Que el dinero no lo es todo es algo que hemos escuchado hasta el hartazgo, y al menos yo, estoy de acuerdo con ello. Pero parece que esta realidad puede ser algo mucho llamativa, algo que muchos de nosotros no podemos siquiera imaginar. Millonarios hartos de vivir en medio del lujo pagan hasta 10.000 dólares por noche para deambular por las calles de París en la piel de un indigente o una prostituta.
Las personas que vislumbraron el negocio, y que seguramente si sabrán que hacer con los millones que ganen en este juego, crearon una asociación llamada "El club lúdico". Ellos se encargan, por sobre todas las cosas de asegurar discreción y protección a estas personas, que piden la absoluta reserva de su identidad.
Uno de los adinerados miembros contó: "ya lo he hecho todo" y se lo creo. Alguien que nació de ese lado del mundo, que creció rodeado de lujos y sofisticados pasatiempos, comienza a agotar sus posibilidades de satisfacción. Y como no tienen mucho mas en que pensar, que en su satisfacción el juego comienza a volverse bizarro.
Hombres y mujeres que jamás han estado en un embotellamiento, o en un supermercado, ni han salido a pagar los impuestos, ni a tomar el subte un día de verano. Personas que no saben andar sin un guardaespaldas, un chofer, y un abogado. Que asistieron a las mas costosas y reconocidas universidades, relacionándose siempre con ese exclusivo circulo de amistades en iguales condiciones.
De pronto, un día, ya no es suficiente. Ni saltar en paracaídas, ni bucear con tiburones,ya no es exitante planificar una fiesta, en una isla, y contratar un buque para traer 150 invitados. Ni ese morboso juego de la guerra. Ya no quedan tratamientos de ultima generación ni cirugía estética por hacer, ya tienes mas joyas que la abuela. Te acostaste con todas las personas que se deslumbraron con tu clase y estilo...y entonces...un día...esa sensación de vacío otra vez...así que no es suficiente.
Y parece que la nueva emoción puede llegar a ser este descubrimiento de la realidad en la que vive la mayoría de la gente. ¿Será una moda entre ellos comentar los detalles "locos" de los andrajos que usaron para caracterizarlos como indigentes, o lo gracioso que fue escuchar "cuanto?" a una aburguesada señora disfrazada de prostituta?
Se me ocurre pensar, que si de emociones fuertes se trata, podrían venir a pasar unos días a la Argentina, visitar a los ambientalistas en Gualeguaychú y explicarles que todo eso esta ocurriendo de verdad. O a los aburridos caballeros, podríamos dejarlos una noche en la cárcel de caseros, que su perfume importado se pierda entre el olor a orina y oxido de las celdas, llevarlos a conocer fuerte Apache...no sé.
Incluso podríamos contarles de los secuestros, con todo lujo de detalles, mostrarles lo que pasa a la hora de sacar las bolsas de basura en un Mac Donals.
Cómo que habría tantas cosas emocionantes para hacer, que no puedo comprender su aburrimiento.
Tuesday, September 11, 2007
Escrito en el cuerpo
Hace poco leía el blog de Sandra, que me gusta tanto. Y ella hablaba del alivio de escuchar al doctor diagnosticar su pierna curada. Decía que aunque el hueso este perfectamente soldado nunca vuelve a ser el mismo, y que tal vez los días de humedad se encarguen de recordarle a menudo que esto es así.
Pero luego dijo algo que me llego adentro, literalmente, que me conmovio por lo real y la intensidad con la que me sentí de acuerdo, al instante.
Decía que un cuerpo sin cicatrices es casi como no haber vivido.
Nada más acertado, pensé, ya que a diario nuestro cuerpo se encarga de recordarnos el camino andado, ya sea el dolor de cabeza de la resaca, que no logra espantar las ganas de repetir la salida, el estómago quejandose de que otra vez comimos demasiado, pero la situación lo ameritaba, o esos músculos doloridos de mis piernas, al día siguiente de sostener más de 70 kilos entre ellas.
Pensaba que tanta gente se esmera por permanecer intacta, casi como nueva, sin arrugas, aunque sean las de la sonrisa, sin canas, ni manchitas, y lo único que logran es asemejarse a maniquíes de plástico, siempre como nuevos, en sus impecables envoltorios de nylon.
Porque si recordamos, la mayoría de las personas que nos han "dejado boquiabiertos" no eran exactamente vírgenes, en todo sentido. Siempre me han gustado las personas "vividas", las que quizás no tienen el cabello, ni la sonrisa de publicidad, pero dejan ver que saben como pasar un buen rato, los dedos encallecidos de los artistas, los ojos cansados de los estudiantes.
Una vez trabaje durante un tiempo en un taller de danzas. Era un paraíso para la exaltación de mis sentidos. Pasaba horas admirando las clases de practica de esos mismos bailarines, que sobre el escenario lucían costosos vestuarios y maquillajes. Pero nada era como verlos en el taller. Hombres y mujeres, harapientos, con sus mallas descoloridas, y las zapatillas destrozadas, con sus esquisitas cabezas exageradamente erguidas. Con esa elegancia interior que los asemejaba a príncipes y princesas sin coronas. Empapados en sudor, riendo de sus equivocaciones, ensayando una y otra vez, hasta el agotamiento.
Allí los descubrí, y desde entonces, amo los pies de los bailarines, y los dedos de los pianistas. Son, sencillamente horribles, desde el punto de vista estético. Deformados, lastimados, literalmente gastados. Herramientas de alguien que ha encontrado la pasión en su vida, de quienes se animaron a tomar el camino, personas que eligieron ser protagonistas, y no espectadores. ¿Quién quiere pasar una tarde frente a un par de esos vacíos ojos de muñeco? tomar coca cola light, y preguntarle al mozo si la verdura estará bien lavada.
Quién ansía, salir un día cualquiera de la oficina, y correr bajo la lluvia a buscar a quién se lamentará el resto de la tarde de lo que la humedad hizo con su pelo, o pasar unas vacaciones con alguien que siempre esta haciendo dieta, y que no toma alcohol, "por lo del hígado y esas cosas".
Vine a vivir a este mundo. Seguramente no llegaré a ser una de esas ancianas de cuento.
Y cuando me sienten en la mecedora del parque, para que deje de estorbar el paso de los jóvenes, volveré a releer la historia, escrita mis antiguos tatuajes agrietados.
Pero luego dijo algo que me llego adentro, literalmente, que me conmovio por lo real y la intensidad con la que me sentí de acuerdo, al instante.
Decía que un cuerpo sin cicatrices es casi como no haber vivido.
Nada más acertado, pensé, ya que a diario nuestro cuerpo se encarga de recordarnos el camino andado, ya sea el dolor de cabeza de la resaca, que no logra espantar las ganas de repetir la salida, el estómago quejandose de que otra vez comimos demasiado, pero la situación lo ameritaba, o esos músculos doloridos de mis piernas, al día siguiente de sostener más de 70 kilos entre ellas.
Pensaba que tanta gente se esmera por permanecer intacta, casi como nueva, sin arrugas, aunque sean las de la sonrisa, sin canas, ni manchitas, y lo único que logran es asemejarse a maniquíes de plástico, siempre como nuevos, en sus impecables envoltorios de nylon.
Porque si recordamos, la mayoría de las personas que nos han "dejado boquiabiertos" no eran exactamente vírgenes, en todo sentido. Siempre me han gustado las personas "vividas", las que quizás no tienen el cabello, ni la sonrisa de publicidad, pero dejan ver que saben como pasar un buen rato, los dedos encallecidos de los artistas, los ojos cansados de los estudiantes.
Una vez trabaje durante un tiempo en un taller de danzas. Era un paraíso para la exaltación de mis sentidos. Pasaba horas admirando las clases de practica de esos mismos bailarines, que sobre el escenario lucían costosos vestuarios y maquillajes. Pero nada era como verlos en el taller. Hombres y mujeres, harapientos, con sus mallas descoloridas, y las zapatillas destrozadas, con sus esquisitas cabezas exageradamente erguidas. Con esa elegancia interior que los asemejaba a príncipes y princesas sin coronas. Empapados en sudor, riendo de sus equivocaciones, ensayando una y otra vez, hasta el agotamiento.
Allí los descubrí, y desde entonces, amo los pies de los bailarines, y los dedos de los pianistas. Son, sencillamente horribles, desde el punto de vista estético. Deformados, lastimados, literalmente gastados. Herramientas de alguien que ha encontrado la pasión en su vida, de quienes se animaron a tomar el camino, personas que eligieron ser protagonistas, y no espectadores. ¿Quién quiere pasar una tarde frente a un par de esos vacíos ojos de muñeco? tomar coca cola light, y preguntarle al mozo si la verdura estará bien lavada.
Quién ansía, salir un día cualquiera de la oficina, y correr bajo la lluvia a buscar a quién se lamentará el resto de la tarde de lo que la humedad hizo con su pelo, o pasar unas vacaciones con alguien que siempre esta haciendo dieta, y que no toma alcohol, "por lo del hígado y esas cosas".
Vine a vivir a este mundo. Seguramente no llegaré a ser una de esas ancianas de cuento.
Y cuando me sienten en la mecedora del parque, para que deje de estorbar el paso de los jóvenes, volveré a releer la historia, escrita mis antiguos tatuajes agrietados.
Friday, August 31, 2007
Acerca de la crueldad y sus posibilidades
Universidad de Ciencias Sociales.
Clase: Periodismo aplicado
Sección: Policiales
Tema en discusión: ¿debería existir la pena de muerte en Argentina?
Silencio absoluto.
Profesor con ganas de divertirse: _ A ver: levanten la mano los que están de acuerdo.
Unos 5 o 6 tímidos se alzan entre las 25 personas restantes.
Por supuesto, entre ellos, el de la desubicada que escribe. Las miradas despectivas comienzan a propagarse.
Profesor con ganas de divertirse: _Bien, ahora me gustaría escuchar las razones de cada uno, para estar a favor.
Algunas respuestas eran sorprendentes, otras predecibles: "porque algunos lo merecen", "porque ya hemos probado que la ley en nuestro país es muy débil" , "porque los países desarrollados lo hacen" , "porque la muerte debe castigarse con la muerte".
Llega el turno de quién ya sospechaba haberse metido en problemas, otra vez:
_Bien, porque creo que en algunos casos muy puntuales, como ser: un violador reincidente, un asesino serial, casos reales que aún esperan condena y mientras tanto siguen libres, hasta que la gente se olvida del tema, no hay muchas otras soluciones posibles. Nuestro sistema penitenciario no funciona como debería: la cárcel no es un lugar en dónde alguna rehabilitación sea posible, ¡nadie puede salir bien de allí! de modo que ese delicuente, luego de pasar varios años sumido en la violencia, el frío, el hambre, infectándose con el virus del sida casi inmediatamente...mmm dudo que esa persona pueda reinsertarse en la sociedad...
Las furibundas opiniones comienzan a oírse:
_¿y los derechos de esa persona? pregunta una chica, coloradísima, tocando el rosario que llevaba en el cuello.
_¿y los derechos del niño de cinco años fue violado? _respondo _¿y los derechos del anciano que fue asesinado a golpes para robarle 20 pesos_ sigo _¿y los derechos de ese joven secuestrado a quien le cortan un dedo y se lo envían a su familia?
El debate comenzaba a levantar temperatura.
_Además_ continué_ está probado, desde la psiquiatría que algunos perfiles son irreversibles.
En un país en dónde aún hay niños que mueren de hambre, ancianos que mueren de frío durmiendo en la calle, ¡no puede estar sin condena este tipo de delitos!
_ No sé dice_un joven_ yo soy católico, y como tal, creo que el único que tiene derecho a quitarnos la vida es Dios
_ ¡Si, si yo también!_ coincidieron varios
_ ¡Estoy de acuerdo, si! _ continuaban
_ Por ejemplo_ continuó el profesor_ ¿Por qué no pensar en opciones menos crueles que la pena de muerte?_ dijo sonriéndome como a un niño desobediente _ ¿Qué tal si los castramos?
Traté de pensar en la imagen de un hombre amputándole el pene a otro y no me sentí muy evolucionada.
_ ¡Eso, eso!_ coincidió la joven del rosario mirándome con gesto triunfal.
_ ¡y a los ladrones podríamos cortarles una mano!_ agregó un chico entusiasmadísimo.
De pronto, una población de mancos azotó mi mente con su imagen de minusválido delicuente reincidente que busca reinsertarse en la sociedad. Frente a ellos, un grupo de jueces satisfechos con su método progresista.
Y continuó con la seguidilla de originales ideas, de posibles castigos penales, todo a fin de evitar la crueldad de la pena de muerte....
Si de benevolencia se trata....
Clase: Periodismo aplicado
Sección: Policiales
Tema en discusión: ¿debería existir la pena de muerte en Argentina?
Silencio absoluto.
Profesor con ganas de divertirse: _ A ver: levanten la mano los que están de acuerdo.
Unos 5 o 6 tímidos se alzan entre las 25 personas restantes.
Por supuesto, entre ellos, el de la desubicada que escribe. Las miradas despectivas comienzan a propagarse.
Profesor con ganas de divertirse: _Bien, ahora me gustaría escuchar las razones de cada uno, para estar a favor.
Algunas respuestas eran sorprendentes, otras predecibles: "porque algunos lo merecen", "porque ya hemos probado que la ley en nuestro país es muy débil" , "porque los países desarrollados lo hacen" , "porque la muerte debe castigarse con la muerte".
Llega el turno de quién ya sospechaba haberse metido en problemas, otra vez:
_Bien, porque creo que en algunos casos muy puntuales, como ser: un violador reincidente, un asesino serial, casos reales que aún esperan condena y mientras tanto siguen libres, hasta que la gente se olvida del tema, no hay muchas otras soluciones posibles. Nuestro sistema penitenciario no funciona como debería: la cárcel no es un lugar en dónde alguna rehabilitación sea posible, ¡nadie puede salir bien de allí! de modo que ese delicuente, luego de pasar varios años sumido en la violencia, el frío, el hambre, infectándose con el virus del sida casi inmediatamente...mmm dudo que esa persona pueda reinsertarse en la sociedad...
Las furibundas opiniones comienzan a oírse:
_¿y los derechos de esa persona? pregunta una chica, coloradísima, tocando el rosario que llevaba en el cuello.
_¿y los derechos del niño de cinco años fue violado? _respondo _¿y los derechos del anciano que fue asesinado a golpes para robarle 20 pesos_ sigo _¿y los derechos de ese joven secuestrado a quien le cortan un dedo y se lo envían a su familia?
El debate comenzaba a levantar temperatura.
_Además_ continué_ está probado, desde la psiquiatría que algunos perfiles son irreversibles.
En un país en dónde aún hay niños que mueren de hambre, ancianos que mueren de frío durmiendo en la calle, ¡no puede estar sin condena este tipo de delitos!
_ No sé dice_un joven_ yo soy católico, y como tal, creo que el único que tiene derecho a quitarnos la vida es Dios
_ ¡Si, si yo también!_ coincidieron varios
_ ¡Estoy de acuerdo, si! _ continuaban
_ Por ejemplo_ continuó el profesor_ ¿Por qué no pensar en opciones menos crueles que la pena de muerte?_ dijo sonriéndome como a un niño desobediente _ ¿Qué tal si los castramos?
Traté de pensar en la imagen de un hombre amputándole el pene a otro y no me sentí muy evolucionada.
_ ¡Eso, eso!_ coincidió la joven del rosario mirándome con gesto triunfal.
_ ¡y a los ladrones podríamos cortarles una mano!_ agregó un chico entusiasmadísimo.
De pronto, una población de mancos azotó mi mente con su imagen de minusválido delicuente reincidente que busca reinsertarse en la sociedad. Frente a ellos, un grupo de jueces satisfechos con su método progresista.
Y continuó con la seguidilla de originales ideas, de posibles castigos penales, todo a fin de evitar la crueldad de la pena de muerte....
Si de benevolencia se trata....
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