Friday, July 29, 2011

La necesidad de soltar

Esta semana no han funcionado mis intentos por evitar esa conocida sensación de amargura. No es que no quiera enfrentarla, es precisamente lo contrario. Tantas veces me he sentado a conversar con este viejo fantasma que ya puedo oír sus murmullos cuando deambula por los rincones de mi cabeza.
Hoy conversaba con una compañera de oficina acerca de que, el problema no es entender lo que ocurre sino saber que hacer con ello.
Así de simple. Y de imposible también. A ver, como explicarlo sin sonar pedante: yo entiendo perfectamente lo que ocurre. Entiendo lo que le sucede a los demás y mucho más claramente, a mi. Comprendo la situación hace muchos años, y aun así, no termino jamás de resolverla.
Lo más cómico del asunto es que la escena presenta un nivel de ironía sorprendente. "¿Cómo es que alguien con tu nivel de independencia es capaz de largarse a llorar por algo así?" me dijo esta persona riéndose con sorpresa. Los seres humanos somos contradictorios. Vaya la novedad. Casi no puedo ponerlo en palabras sin avergonzarme del tono del reclamo. No puedo aceptar que mi familia no sea como yo creo que debería ser. Ya está, ya lo dije. Pueden comenzar a tirar las piedras.
Me fui de mi casa a los 20 años. Desde entonces me dedique a hacer mi vida, igual que cualquier mortal, nada llamativo, de no ser tal vez por esa característica que tantas veces me han observado. La independencia. Jamás he consultado con nadie ninguna de las decisiones que tomé en vida. Ni siquiera durante mi adolescencia fueron mis padres una figura de autoridad. Hice mi voluntad y he disfrutado con la dicha de la libertad así como cuando me ha tocado pagar consecuencias desagradables. Y la libertad es la delicia de llevar a cualquiera a tu casa, cuando se te antoje sin mucho más trámite, y la adversidad ser tu único sostén, en todo sentido. Cualquier persona que vive sola sabe bien que cualquier situación cotidiana puede ser una tontería o una catástrofe cuando la única posibilidad que tenés para resolverla es hacerlo a solas, sin demasiadas opciones. Y así comienzas a llenar tu historial de pequeños obstáculos doméstico-funcionales resueltos. Me he asombrado muchas veces al enterarme que mucha de la gente que me rodea jamás se ha cocinado un plato de comida ni ha cambiado una lamparita. O la ignorancia de quienes jamás han tenido que medir su presupuesto y te observan casi con admiración por pagar un alquiler e ir al supermercado. En fin, anécdotas divertidas o lamentables, según como las mires. El punto es que, en nada me pesa la soledad elegida, por es algo que comparte muchísima gente y en mi caso es un estado placentero. Lo que me cuesta es aceptar la elección de "soledad" de los demás. De aquellos que amo. Ha sido un doloroso descubrimiento para mi, caer en la cuenta, que algunas de las personas que amo no me han dado en sus vidas el  lugar que yo les di en la mía. Mi familia es en extremo independiente... igual que yo. Ja. Demasiada ironía en una sola historia. Durante los últimos años me he obsesionado con cultivar el rito de almorzar juntos los domingos. Los hemos compartido muchas veces, es cierto. Hasta que caí en la cuenta de que la única interesada en el tema era yo, y que los demás hacían el sacrificio. Veo como ellos son capaces de pasar días sin vernos, sin comunicarse quizás, y les parece perfectamente normal (ya sé que la normalidad no existe pero eso daría pie para otro gran debate filosófico). Mi propuesta es de lo más básica y común. Domingos. Una vez por semana, un par de horas. No es tan absurdo ¿verdad?. Y sin embargo, parece que la única que lo considera necesario soy yo. Descubro con asombro mi dolor. Me afecta mucho más de lo que creía. Me duele. Y no tiene ninguna importancia si no logro superarlo, porque para ellos no es ni siquiera un planteo.
Me duele. Quisiera que mi hermanos me amen tanto como yo a ellos. Que me extrañen y sigan deseando compartir momentos, como cuando eran chicos y la idea de pasar una tarde con "la hermana mayor" era toda una propuesta. Quisiera que mi madre fuera la persona que busca sostener estos pequeños rituales familiares y no una pseudo adolescente que no conecta con la realidad y se fastidia como los chicos ante la idea de una reunión dominguera.
Hoy, el budismo y sus leyes acerca del desapego me parecen simplemente una utopía. Sin duda me quedaran muchas vidas para aprender a soltar.

2 comments:

eme said...

Me he sentido identificada con este artículo, por una parte yo soy muy independiente, hace unos cuantos años que no vivo con mis padres y varios ya que vivo sola. Y por otra, la soledad no me molesta, sino que me gusta, sé que tiene tanto ventajas como inconvenientes (odio ponerme enferma, jejeje) y yo disfruto muchísimo con sus ventajas y los inconvenientes los llevo bastante bien.
Pero por otra parte lo que me molesta de verdad es la soledad compartida, cuando estás con alguien pero estás como si estuvieses sola, alguien que no te acompaña, que no te aporta nada y que encima te roba la intimidad de estar sola.
Dicho esto, el tema de la familia me parece muy complicado, por una parte a mí me gustaría llevarme mejor con mi hermana, y por otra parte me agobiaría si tuviese que ir todos los domingos a comer con padres y hermana, pero es que tampoco me gustaría tener una cita fija todos los domingos aunque fuese con mis amigos más queridos o con mi pareja. Para mí, el querer a alguien no tiene nada que ver con un horario fijo o una cita semanal, tiene que ver con querer compartir cosas con esa persona, que cuando le pase algo quiera comentarlo contigo, sea domingo o jueves, y que no le apetezca ir algún día pues no es grave, aunque que no haga o no quiera hacer el esfuerzo de buscarte un hueco sí es triste.
Sí sé lo que es sentirse decepcionado porque veas que esa persona que tanto te importa no te corresponde, ése es mi problema también con mi hermana, pero la verdad es que para mí es más importante el saber y querer compartir un suceso que un tiempo asignado, es decir, yo llamo a mis padres cuando tengo algo que contar, y me encanta que llamen para contarme cosas, pero odio que haya que hablar 5 minutos todos los días “de nada”, sólo por estar 5 minutos oyendo nuestras voces, y esto no tiene nada que ver con lo que les quiero.
Uff, menudo rollo, espero que por lo menos sirva para algo y que te vayan mejor las cosas.

said...

Sí, estoy de acuerdo contigo. Estar con alguien no significa companía y siempre es preferible prescindir de esa visita que saber que está allí por compromiso. Este es un tema profundo y doloroso en mi vida pera también muy ridículo a veces, porque va en contra de mis propios principios, es una verdadera ironía. He gozado y lucido con orgullo mi libertad y autosuficiencia y de pronto... una pelicula de humor negro jajaja...
Pero lo asumo. Todos tenemos nuestro talón de Aquiles. Y aunque sé con certeza que si mañana tuviera la oportunidad me atrevería a irme a vivir al otro extremo del mundo sé que será bien duro extrañar...