Cuando pasamos un día entero en la calle haciendo trámites y viajando en subtes repletos, nos viene bien sentarnos en la mesa de un bar, tomar un café y hojear alguna de esas revistas que jamás comprarías. Reírse un rato de los escándalos de las vedettes y los nuevos contratos de los futbolistas pueden hacer efecto para desconectar un rato.
Y lo que hoy tengo ganas de escribir tiene ese tinte, porque en verdad necesito escapar, al menos un par de horas del bullicio de mis pensamientos. Otra vez la tensión, las pesadillas y la impotencia agresiva de lo inapelable. Y fue en estos días entre los cuáles tuve esos sueños raros. ¡Y más de una vez! ¿Cuál será la lectura del psicoanálisis? en fin. No tiene mayor importancia. El sueño en si era mucho mas interesante. Soné que en medio de una conversación con alguien, descubría que esta persona tenía varios dientes de oro. Y era un descubrimiento sorprendente, pero agradable. Me gustaba mirar los destellos del metal precioso entre palabra y palabra. Este sueño se repitió dos veces. Luego tuve otro en el cual me encontraba en una sala de guardia pero no recibiendo atención médica. Observaba a una médica, muy joven, mientras trabajaba con sus pacientes. Iba y venía con mucha energía. Parecía saber llevar su trabajo. En una de las escenas, la chica se vuelve hacia a mi y descubro que uno de sus brazos (llevaba una camiseta de mangas cortas) estaba tatuado hasta la mitad. El dibujo era un indio con una gran cresta de plumas. Y lo único en lo cuál yo podía pensar frente a ella era en cómo se las arreglaría cada vez que necesitara "ocultar" el tatuaje. Me parecía hermoso, imponente y aun así tenía la certeza de que, de una u otra manera, debería ser necesario ocultar.
No quiero dedicarme hoy a analizar. Sé que los fanáticos de Freud están haciéndose agua a la boca con mis escapismos oníricos. Solo por hoy, me divertiré mirando fotografías de tatuajes y sonrisas de oro... para descansar.

0 comments:
Post a Comment