Monday, August 01, 2011

Sopa de pollo

Buenos Aires se ha transformado en una heladera. Estos últimos días tuvimos bajísimas temperaturas. Los porteños no estamos acostumbrados a tanto frío. Siempre me había gustado el invierno. Desde que era chica. Pero para ser sincera, estos últimos años el frío me está fastidiando. Supongo que tiene que ver con la comodidad, estoy harta de andar abrigada como para una excursión en la antártida. Ya hasta camino como el yeti. No imagino como sera vivir rodeada de nieve.
Hoy, después de la oficina pasé por el super para hacer la compra del mes. Durante todo el día tuve ese antojo, algo reconfortante y cálido para la hora de volver.
Hacia mucho tiempo que no preparaba la receta. Para mi, la cocina es uno de esos placeres que están estrechamente vinculados con los recuerdos. Me bastan algunos básicos aromas para conectar con ellos. El café de las mañanas, la cebollita dorándose en la sartén, el estofado que mi abuela cocinaba durante horas. Y el olor de las frutas frescas, la sandía, el melón, el azúcar quemada... no entiendo como algunas personas aseguran que la comida le es indiferente.
Y este olorcito a puerros y cebollas de verdeo, a perejil y pedazos de pollo deshaciéndose en el caldo me recuerdan esos mediodías fríos en los que volvía de la escuela y el almuerzo estaba preparado. La receta es bastante diferente a la original porque a mi mamá no le gustaban los condimentos fuertes y con los años yo he ido agregando los míos. Aún así, un placer... compartido o solitario, a mi los sabores me hacen efecto.

(sí, la foto es horrenda, pero quería compartirla...)

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