Monday, February 20, 2012

El arte de incógnito

Me voy a dar permiso para la repetición. Una de las frases hechas más citadas de la historia. Un tema que se ha vuelto marketinero, quizás ya ni siquiera escuchado, repetido hasta el hartazgo y sin embargo, vigente.
¿Nos estamos perrdiendo la belleza? Un video ya visto miles de veces en youtube me ha dejado sorprendida estos últimos días. Un violinista de incógnito. El famosísimo músico, Joshua Bell, tocando en una estación de subte de Washintong. Con su estuche en el suelo, como los que esperan monedas, tocando durante largo rato. Se calcula que en tan solo una hora pasan cientos de transeúntes por el lugar, ni hablar en una mañana. Apenas una persona se detuvo a escucharlo y cuando el dejó de tocar  y se acerco a saludarla, ella dijo, emocionada, que ya lo había visto antes en un concierto y que no podía creer que fuera el. "Estas son cosas que solo pasan en DC" dijo la mujer. Días después, Joshua Bell dio un concierto al cual asistieron miles de personas y pagando entradas de varios cientos de dólares.
Entonces: ¿elegimos su arte porque nos conmueve o porque es cool ir a escuchar un violinista el sábado por la noche? ¿su música nos llega hasta las entrañas y toca todos nuestros nervios en el camino o "si toca en un lugar asi debe ser bueno"?
A veces me siento como si tuviera alguna deficiencia quizás. Sigo llorando de emoción con ciertas canciones, una pintura puede llegar a dejarme hipnotizada un buen rato.El olfato sigue siendo uno de mis sentidos más sensibles y me regocijo con él.
Lo genial de todo esto, es que si en verdad conectamos, el placer está en cualquier parte, a nuestro alcance.
Como este genial artista que, tocando a un costado de la entrada al subterraneo, o de pie en un lujoso escenario, sigue siendo la misma persona, al alcance de todos, o al menos, para  los que pueden sentirlo.